jose hernandez

"Mitre ha hecho del país un campamento, Sarmiento va a hacer de ella una escuela…con Sarmiento va a tener que aprenderse de memoria la anagnosia, el método gradual y los anales de Da. Juana Manso… ¿Pero consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República, consentirá el pais en que un loco que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar a una mujer ministra de culto, que es un furioso desatado venga a sentarse en la silla presidencial para precipitar al país a la ruina y al desquicio?"

José Hernández

Últimos días de Rosas en la Argentina



Antes de la batalla


En la víspera de la batalla de Caseros, el Encargado de Negocios John Pendleton informaba al Departamento de Estado: “Si el resultado fuera contrario a Rosas, no puedo sino mirar con la mayor prevención la situación futura de este país, pues mucho me temo que quedará dividido en un sinnúmero de Partidos que lucharán continuamente por el poder, sin que haya ninguna persona conocida capaz de unirlos para formar un Gobierno. Para los Extranjeros que han vivido bajo el presente Gobierno la pérdida ha de ser harto grande; pues les había asegurado una perfecta protección de la vida y de sus bienes; y aunque este sistema no es uno que convenga a nuestras nociones de libertad, escasas son las quejas que provocó.”
(Departamento de Estado, Ministros de Estados Unidos en Argentina, Despachos, Microfilm 69 Rollo 9)

Robert Gore, encargado de negocios inglés le escribe a Palmerston: “…En la tarde del 2 de febrero, día anterior a la así llamada batalla, me aseguraron positivamente en la Casa de Gobierno que el Gral Benavidez, Gobnor de la Provincia de San Juan, estaba en la retaguardia del Ejército de Urquiza con 4000 hombres y 8000 caballos, y que Pedro Rosas estaba en la retaguardia del ala derecha con 2000 Indios, de modo que según esta información el Ejército de Urquiza estaba entre dos fuegos; esto era completamente falso” (Foreign Office 6 Vol 167)

El día de la batalla

Los extranjeros eran por lo menos el 45% de la población de Buenos Aires, y era aun mayor la proporción de establecimientos comerciales y tiendas en sus manos, por lo que el cuerpo diplomático mostró preocupación por cualquier desorden o acto de violencia debida a la batalla.
Al volver a su casa, luego de su agitada gestión, Mr. Gore fue informado por su criado:
“…una persona vestida como un soldado común pero de quien sospechaba que pudiera ser el general Rosas” había pedido permiso para entrar y ahora estaba acostado en su cama.
Mr. Gore escribe a Palmerston: “Inmediatamente entré y encontré a Rosas cubierto de Tizne de Pólvora y agotado por el cansancio y el hambre, pero fuera de esto muy tranquilo y en perfecto dominio de sí. Riéndose me dijo “¡Qué hecho más curioso es que el Caballo que entregué a Mr. Southern para la Reina Victoria me haya salvado la vida esta mañana, y ahora estoy bajo la protección del Pabellón Británico!” (Foreign Office 6, Vol 167)
Después de la batalla
Gore se dirigió esa misma noche al domicilio del comandante naval británico, almirante Henderson, y a medianoche ya habían completado un plan para embarcar a Rosas  y  su familia a bordo del buque de guerra británico Locust, anclado muy cerca de la costa. Gore informó al Foreign Office …les confié mi plan e hice los preparativos necesarios para embarcarlos, luego de haber discutido un rato con el General Rosas que deseaba permanecer en mi casa 2 o 3 días a fin de arreglar sus asuntos privados antes de dejar el País para siempre; después de haber vestido al Gral Rosas con un gabán y una gorra de marino, a su hija como un Joven y a su Hijo con mi Ropa, y como en un lugar prefijado de antemano teníamos un Bote que pertenecía a un Barco Mercante, nos dirigimos hacia ese sitio; luego de haber tenido que pasar ante dos casas de guardias en las que nos examinaron, pero nos permitieron en seguida pasar en cuanto me di a conocer; al llegar al Río, hallamos el agua muy baja, y la partida tuvo que vadear unas 400 yardas antes de alcanzar el Bote; a las 3 am la partida estaba segura a bordo del “Locust”, y a las 4.30 am, estaba yo en camino hacia Palermo acompañando una Comisión de la Ciudad para presentarla al General conquistador.”




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