jose hernandez

"Mitre ha hecho del país un campamento, Sarmiento va a hacer de ella una escuela…con Sarmiento va a tener que aprenderse de memoria la anagnosia, el método gradual y los anales de Da. Juana Manso… ¿Pero consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República, consentirá el pais en que un loco que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar a una mujer ministra de culto, que es un furioso desatado venga a sentarse en la silla presidencial para precipitar al país a la ruina y al desquicio?"

José Hernández

Sarmiento, Mitre y la guerra civil


"No ahorre sangre de gaucho”


Ojo con la posteridad!
Imagínense Vds. insultando a alguien con el clásico “¡hijo de puta!”, para que, dentro de dos siglos, un historiador refute el dicho documentadamente, con que la madre del fulano no ejercía la prostitución.
¿Ridículo?
¿Pudo sospechar Sarmiento que en los siglos XX y XXI los trazos caricaturescos de sus imprecaciones podrían ser usados en su contra como si fueran una rigurosa expresión literal de sociología política?
Sarmiento era exuberante y creativo en la imprecación:
Vaya de ejemplo ésta dedicada a Alberdi “Y no ha habido un hombre….que le saque los calzones a este raquítico, jorobado de la civilización y le ponga polleras, pues el chiripá, que es la lucha con el frac, le sentaría mal a este entecado débil, enfermizo, que no sabe montar a caballo; abate por sus modales, saltimbanqui por sus pases magnéticos, mujer por la voz, conejo por el miedo, eunuco por sus aspiraciones políticas, federal-unitario, ecléctico panteísta, periodista abogado, conservador-demagogo y enviado de la República Argentina, botarate insignificante”
¿Pero ello implicaba en él la manutención de odios profundos?
No parece. Todos sabrían que el cotidiano desborde verbal, siempre creativo, era una superficialidad de su carácter. A Agustín Cabeza le dice, coloquialmente, “Usted no es cabeza, es cola. Y muy sucia”.
Alberdi no podría tampoco ignorarlo, como que, regresando de su emigración, y pasando sobre el recuerdo de aquellos espantosos dichos, decidió visitar al sanjuanino ya presidente, provocando en el antiguo iracundo aquel “a mis brazos Alberdi” y su apretado reencuentro.
Al recibir la noticia del triunfo en Pavón, Sarmiento le escribe a Mitre inmediatamente.
Luego de felicitarlo por la victoria, vienen las críticas, quejas y reconvenciones:
“No se ensoberbezca ante su amigo. No se crea infalible. Usted en política erraba…
“El general Paz pudo hacer algo. Más puedo yo ahora. Me siento más hombre. Déjese de ser mezquino. ¿Valgo yo menos que los torpes que mandan un regimiento de caballería? Entiendo esta arma, y usted sabe que tengo valor como cualquiera. ¿Por qué no me da el mando de uno de los regimientos de línea, que ha quedado vacante, después de tanta vergüenza?
“No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos.”
Como se puede advertir por el contexto, la célebre “No trate de economizar sangre de gauchos” no es una incitación a la crueldad (que para hacer creer eso se la cita hasta la saciedad), sino una mofa contra la campaña militar de la cual Mitre es responsable, a la que Sarmiento reputa como ineficiente hasta dar vergüenza.
Mitre “ahorra” “sangre de gaucho”, la de la tropa enemiga, no por un afán de economía humanística, sino a fuerza de ineptitud, así que “La sangre es lo único que tienen de seres humanos”, muy a su estilo imprecatorio y no de un pensamiento real, sólo sirve para redondear el sarcasmo. Congruente con eso, Sarmiento reclama asumir mando militar: “No me desprecie como soldado. Valgo más que todos esos compadres que me prefiere. Tengo la conciencia de levantar la caballería de su postración; porque la sentí postrada siempre y nunca me hice ilusión. Usted lo sabe”.
El humor a costa de Mitre no es un exabrupto: toda la carta anuncia el desarrollo posterior del enfrentamiento entre ambos.
SARMIENTO FUSTIGADO POR
"EL MOSQUITO" (MITRISTA)
“Realizado su plan de triunfar con sus propios recursos, vuelva al plan mío de poner en actividad a las provincias…” (Mitre se había puesto al frente del secesionismo porteño) “Es preciso dar un centro a la civilización en la falda de los Andes. Yo me encargaría de ello, para pasar después a arreglar con Chile, la liga americana contra España.” (Mitre se opondría a una unidad sudamericana para enfrentar a España, planteada por Sarmiento en Chile y en Perú).
Mitre acabaría por ejecutar la oposición sistemática al gobierno de Sarmiento; pero no se conformó con votar en contra de todos sus proyectos: además, terminó en la cárcel por golpista. Sarmiento se pronunciaría contra su amnistía.
Uno de los proyectos sarmientinos que Mitre haría abortar (en consonancia con la Sociedad Rural, naturalmente), representaba el reparto masivo de tierras entre los gauchos e inmigrantes, para la felicidad de millones de trabajadores.
Sarmiento por la tierra para los gauchos, Mitre en contra. Ése es el lenguaje de        las conductas, el que debería orientar mínimamente la lectura de las palabras.
¡Pero nos vienen con que Mitre vacilaba en reprimir a los gauchos y Sarmiento lo azuzaba para acabar con sus últimos escrúpulos!
¿Hasta dónde abusarán de la credulidad popular los mercachifles del ideologismo histórico, si no se les organiza una oposición seria a partir de la tradición democrática argentina?
En cuanto a los del historicismo progre que recitan un Sarmiento “contradictorio”, “hijo de su tiempo” (algunos creen que esto es una brillante “síntesis dialéctica”, cuando no es más que un pobre eclecticismo), ¿realmente han estudiado a fondo su pensamiento?
Ciertamente que, si de las palabras se trata, hay que leer al Sarmiento de las obras densas, para resituar al de las expresiones al paso, traspasadas de emociones y sobreentendidos circunstanciales. Los párvulos saben bien por qué no toman en serio a su madre cuando los reniega al grito de “¡te voy a matar!”.






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