jose hernandez

"Mitre ha hecho del país un campamento, Sarmiento va a hacer de ella una escuela…con Sarmiento va a tener que aprenderse de memoria la anagnosia, el método gradual y los anales de Da. Juana Manso… ¿Pero consentirá el Congreso, consentirán los hombres influyentes de la República, consentirá el pais en que un loco que ya ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión, que ha dicho que va a nombrar a una mujer ministra de culto, que es un furioso desatado venga a sentarse en la silla presidencial para precipitar al país a la ruina y al desquicio?"

José Hernández

sábado, 21 de junio de 2014

Eclipses


La oscuridad llegó a ser total y la multitud aulló de terror, al sentir las heladas ráfagas del viento pasar por el patio y ver las estrellas aparecer y titilar en el cielo. Finalmente, el eclipse era ya total y esto me alegró mucho, aunque a los demás los sumió en la desesperación, cosa ésta, a fin de cuentas, muy natural.
-El Rey, con su silencio -dije-, demuestra su arrepentimiento.
Levanté los brazos; permanecí con ellos en alto durante un largo rato, y pronuncié, con la más terrible solemnidad, estas palabras:
-¡Que cese el encantamiento, y que la oscuridad se disuelva sin daño para nadie!
No hubo respuesta, durante un instante, en aquella oscuridad profunda y en aquel silencio de muerte. Pero cuando el círculo de plata del sol reapareció poco a poco, unos momentos después, la multitud estalló en gritos de alegría y se lanzó como un torrente desbordado a bendecirme y a elogiarme.

MARK TWAIN, Un yankee en la Corte del Rey Arturo




Sin la precisión cronométrica del movimiento de los planetas, la economía capitalista pasa cíclica e inexorablemente por el eclipse de las crisis, seguidas cada una por la vuelta de la luz: una reanimación y nuevo auge económico. En doscientos años, casi no hay década de la historia del capitalismo de ningún país que no contenga la caída en una crisis y una salida de ella. Marx mostró, hace más de 150 años, que el ciclo está ínsito en el modo de producción capitalista. Pero esto es apenas conocido por una elite. La memoria popular no logra registrar esto empíricamente y recibe cada crisis como una mala novedad que podría haberse evitado.
Con el derrumbe económico viene el desprestigio y repudio del gobierno. Ignorando el sabio aforismo de Fourier acerca de que (en el capitalismo) “la miseria brota de la propia abundancia”, los sectores medios interpretan que las estrecheces provienen de lo que el gobierno “robó”. El propio Yrigoyen,  alcanzado por el designio de chivo emisario de las crisis, fue derribado por un golpe de estado, sólo que la multitud que fue a incendiar su casa, retrocedió pasmada ante el espectáculo de la humildad de su aposento.
Aparece, entonces, otro gobernante que, oportunamente, pronuncia el ¡Que cese el encantamiento, y que la oscuridad se disuelva sin daño para nadie!: y el eclipse dejará su lugar a la luz, ungiendo al novato con el aura de milagrero social.
Aggiornadamente, el procedimiento se reviste de ciencia, con trajes discursivos del tipo capitalismo “inclusivo” o “distributivo”, a los que cumplidamente se atribuirán los espontáneos efectos de la salida de la crisis: mayor demanda de trabajo y consiguiente aumento de los salarios.
El pensamiento mágico de las multitudes viene de lejos, pero también su manipulación desde el poder. Agamenón sacrifica a Ifigenia a los dioses para que los soldados crean que es a él y no a la naturaleza a quien se debe el retorno de los vientos a las velas de los barcos. Esta lucidez de los griegos del siglo V  A.C. – los de Eurípides eran tiempos antioligárquicos - nos lleva a pensar que la magia tiene su sustrato en la ignorancia, pero la desencadena el estado de opresión, que es el que genera la necesidad de la ilusión.
Perón, el creador de este actual modo de reparar eclipses, decretaba aumentos  de salarios desde la Secretaría de Trabajo, en 1944. En realidad los salarios aumentaban solos, por la enorme demanda de la naciente industria sustitutiva de importaciones y por el pánico que entre los empresarios causaba el imparable avance del ejército rojo en Europa. La burguesía, con tal de emplazar con  el peronismo la proclamada “valla de contención del comunismo”, aceptó provisoriamente convivir con la corrosión de la demagogia anticapitalista.
Naturalmente, el milagro y el gobierno de Perón duraron lo que dura el ciclo económico. Como siempre, la prosperidad fue seguida por la crisis, que golpeó una vez más en primer lugar a los sectores populares. El gobierno colaboró dejando caer las jubilaciones a la mitad y con el “Congreso de la Productividad”, entre otras medidas de “ajuste”. Termómetros del entusiasmo popular, menguaron las paradas multitudinarias de la Plaza de Mayo.  La última, apenas   había convocado a unos pocos miles de asistentes. Allí fue derribado por un golpe de estado.
Nada nuevo bajo el sol, entonces, con el “modelo nacional y popular”, que pretendió presentarse como alternativa al “ajuste neoliberal”.  En realidad,  no era más que una alternancia, la fase expansiva que sigue a la contracción de la crisis. Falso que constituyera una receta sin ajuste. Al contrario. El ajuste, de una severidad sin precedentes, fue hecho por el gobierno anterior, el de Duhalde y no se fue revirtiendo sino muy gradual y modestamente por los Kirchner, en la medida en que la recuperación económica forzaba la de los salarios.
A la hora de la crisis actual, devaluaciones, tarifazos y freno a los aumentos paritarios descubren que la fórmula de la agresión al ingreso popular fue un muerto que siempre ha gozado de buena salud.
Igual de fraudulenta se desenmascara ahora la “política de desendeudamiento”, presunta parte de un proceso de independencia económica. Pagarle al usurero no significa abolir la usura. Endeudamiento y desendeudamiento también son fases de los ciclos capitalistas.
El pago al FMI ¿fue un gesto de rebeldía liberadora, como lo blasonó entonces Néstor Kirchner? Voces del gobierno nos revelan hoy que, en realidad, se trató del cumplimiento de una exigencia norteamericana… Son dichos a la sombra de un cambio discursivo hacia la “moderación” (y a un nuevo endeudamiento).

Es lógico. No puede haber épica a nombre de objetivos históricos ficticios.